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Los errores más frecuentes al constituir un fideicomiso

Los errores más frecuentes al constituir un fideicomiso (svěřenský fond) según el Derecho checo pueden provocar conflictos, la paralización del fideicomiso o incluso su nulidad, aunque su finalidad original fuera proteger el patrimonio familiar. Entre los riesgos figuran, por ejemplo, una condición imprecisa para el beneficiario, un administrador inadecuado o la falta de supervisión. El artículo explica cómo configurar correctamente el estatuto, los mecanismos de control y los trámites formales antes de aportar los bienes.

Abogados de ARROWS debatiendo sobre la correcta constitución de un fideicomiso.
  • Definición imprecisa de las condiciones y los derechos de los beneficiarios. Entre los errores típicos figuran condiciones vagas o incluso imposibles de cumplir para que los beneficiarios obtengan prestaciones del fideicomiso. Si el estatuto establece, por ejemplo, la condición de «graduarse en una universidad prestigiosa» o de «llevar una vida ordenada» para el pago de una participación, pueden surgir disputas interpretativas. Las condiciones deben formularse de manera inequívoca, realista y verificable; de lo contrario, existe riesgo de paralización del fideicomiso y de conflicto dentro de la familia.

  • Ausencia de mecanismos de resolución de conflictos y de supervisión. Muchos estatutos omiten regular cómo proceder en caso de conflicto entre el administrador y los beneficiarios o entre varios beneficiarios. Del mismo modo, falta una supervisión independiente del administrador. Unos mecanismos de resolución de conflictos débiles o inexistentes pueden desembocar en prolongados litigios judiciales que pongan en peligro la finalidad del fideicomiso. La solución consiste en nombrar un protector (supervisor) o un árbitro que intervenga en caso de desacuerdo, o bien pactar una cláusula arbitral para las controversias derivadas del fideicomiso.

  • Elección inadecuada o control insuficiente del administrador. Ocurre que el fideicomitente designa como administrador a una persona que carece de la competencia o fiabilidad suficientes. En el peor de los casos, puede tratarse incluso de alguien con segundas intenciones. Un ejemplo de error es confiar todo el poder a un único administrador sin establecer salvaguardas: si el administrador falla o empieza a actuar en su propio beneficio, el fideicomiso sufre graves perjuicios. Por ello, es un error no incluir en el estatuto la posibilidad de destituir al administrador (p. ej., por decisión conjunta de los beneficiarios) o no imponerle la obligación de informar periódicamente. Confía, pero verifica: aquí esta máxima vale doblemente.

  • Omisión de cláusulas que protejan el patrimonio del fideicomiso. Algunos fideicomisos no contienen disposiciones que impidan el despilfarro o el abuso del patrimonio. Falta, por ejemplo, la llamada cláusula de protección frente a la conducta irresponsable de los beneficiarios, que podrían exigir al administrador pagos anticipados. Tampoco se prevé que el beneficiario pierda su derecho si intenta impugnar judicialmente el fideicomiso, etc. También es un error no regular a tiempo la aportación adicional de bienes: el fideicomiso puede extinguirse por agotamiento si todos los beneficiarios consumen su parte y no se han establecido otras reglas.

  • Incumplimiento de los requisitos formales de la ley. Incluso un pequeño defecto formal puede hacer que la constitución del fideicomiso se considere nula. Por ejemplo, si el contrato constitutivo no reúne todos los requisitos, el estatuto no consta en escritura notarial o el fideicomiso no tiene una denominación propia con la indicación «svěřenský fond», se expone al riesgo de nulidad absoluta del fideicomiso. La publicación involuntaria de documentos sensibles (por ejemplo, al depositarlos en la colección de documentos de otro registro) puede, a su vez, acabar con la discreción del fideicomiso. Proceda, por tanto, siempre estrictamente conforme a la ley y a los consejos del notario, que verificará la forma, los requisitos y la inscripción oportuna en el Registro de Fideicomisos (Evidence svěřenských fondů). Si aun así alguien cuestionara la validez del fideicomiso, tendría que resolverlo un tribunal, lo que supone costes adicionales.

  • Constituir el fideicomiso en el último momento por causa de deudas. Como ya se ha mencionado, intentar ocultar «a toda prisa» los bienes en un fideicomiso frente a los acreedores es una receta para los problemas. Los acreedores o el administrador concursal pueden impugnar dicha transmisión como fraudulenta y contraria a las buenas costumbres, y el tribunal puede declarar su ineficacia o nulidad. Con ello, todo el fideicomiso quedaría en nada. Las autoridades tributarias también vigilan estas situaciones por el riesgo de abuso, lo que podría acarrear sanciones fiscales. Constituya el fideicomiso con intenciones limpias y como solución preventiva a largo plazo, no como salvavidas de último momento.

Riesgos de una preparación insuficiente del fideicomiso

Si el fideicomiso se constituye sin una preparación minuciosa o en contra de la ley, pueden producirse graves consecuencias. Entre los principales riesgos figuran, en particular:

  • Nulidad jurídica del fideicomiso: El riesgo más extremo es que un tribunal declare retroactivamente nulo el negocio jurídico constitutivo del fideicomiso (p. ej., por ser contrario a las buenas costumbres o a la ley) y establezca que el fideicomiso nunca llegó a nacer válidamente. En tal caso, los bienes tendrían que restituirse al fideicomitente o a la herencia, y todos los pagos efectuados a los beneficiarios podrían ser cuestionados.

  • Pérdida de control sobre el patrimonio: Un fideicomiso mal configurado puede hacer que el fideicomitente o la familia pierdan de hecho toda influencia sobre su patrimonio, sin ninguna compensación adecuada. Un ejemplo preocupante es la situación en la que el administrador abusa de la libertad que le concede el estatuto y empieza a utilizar los bienes administrados de forma inadecuada o en su propio beneficio. Si el estatuto no permite sustituir fácilmente al administrador, los beneficiarios o el fideicomitente pueden pasar años luchando por remediarlo. En casos extremos, puede ocurrir incluso que el fideicomitente acabe en una situación peor que antes de constituir el fideicomiso: por ejemplo, que pierda su vivienda o los ingresos de los bienes aportados al fideicomiso por no haberse reservado el derecho a seguir usándolos. Por eso es tan importante recoger en el estatuto sus garantías mínimas (p. ej., que el fideicomitente pueda usar de por vida el inmueble aportado, etc.).

  • Riesgos financieros y fiscales: Una preparación insuficiente puede provocar que el fideicomiso y sus beneficiarios soporten una carga fiscal innecesariamente elevada o reciban multas por incumplir sus obligaciones. Por ejemplo, no registrar el fideicomiso a efectos del impuesto sobre la renta o del IVA puede dar lugar a sanciones. Un fideicomiso mal estructurado puede tributar por sus rentas de forma menos ventajosa que otra forma de gestión patrimonial. Si el fideicomitente no analiza la situación con un asesor fiscal, puede llevarse la sorpresa de que algunas transmisiones han generado obligaciones tributarias (impuesto sobre donaciones, impuesto sobre la adquisición de inmuebles —que existió hasta 2020 y ya no existe—, etc.). El riesgo financiero reside también en los costes: el fideicomiso debe pagar al notario, al administrador, al contable y, en su caso, la auditoría, lo que en patrimonios más pequeños puede mermar los rendimientos. Sin un plan adecuado, puede ocurrir que los costes y los impuestos superen los beneficios del fideicomiso.

  • Riesgo de conflictos y de paralización del fideicomiso: Cuando se subestima la preparación y las reglas del fideicomiso son ambiguas, es casi seguro que tarde o temprano surgirá un conflicto. Puede tratarse de una disputa entre familiares sobre la interpretación del estatuto (quién tiene derecho a qué y cuándo) o de un conflicto con el administrador sobre su forma de gestionar el patrimonio. Estos conflictos suelen acabar en los tribunales y, hasta que se resuelven, el patrimonio del fideicomiso puede quedar bloqueado. Los beneficiarios no reciben entonces las prestaciones a tiempo y el fideicomiso pierde su sentido. Existe también el riesgo de que no sea posible nombrar un nuevo administrador si el original renuncia, de nuevo por la insuficiencia de las disposiciones del estatuto. El resultado puede ser un fideicomiso congelado, en el que no hay nadie que decida, y la única salida es la intervención judicial.

  • Riesgo reputacional y jurídico de abuso del fideicomiso: Por último, si el fideicomiso no es transparente ni cumple la normativa contra el blanqueo de capitales, puede atraer la atención de las autoridades. La legislación actual ya exige que los fideicomisos inscriban a sus titulares reales (normalmente el fideicomitente o los beneficiarios) en un registro central. Si el fideicomiso se constituye únicamente para encubrir actividades ilícitas u ocultar bienes, las personas implicadas se exponen a responsabilidad penal. Para los fideicomitentes honrados, el riesgo consiste más bien en garantizar que su fideicomiso cumpla todas las obligaciones registrales y no pueda relacionarse, ni siquiera por error, con ninguna irregularidad.

Nuestros especialistas le ayudarán

JUDr. Ondřej Stehlík, LL.M., MBA

JUDr. Ondřej Stehlík, LL.M., MBA

advokát, partner

stehlik@arws.cz
ARROWS despacho de abogados

Ejemplos prácticos

  • Para terminar, veamos dos historias reales que ilustran cómo puede resultar en la práctica la constitución de un fideicomiso: una vez de forma positiva y otra de forma negativa. Estos ejemplos muestran lo que puede lograr un fideicomiso bien configurado y, por el contrario, qué problemas pueden surgir cuando se procede de forma errónea.
  • Ejemplo inspirador: la empresa familiar a salvo: El señor Novák construyó una exitosa empresa familiar, pero descubrió que sus hijos no tenían interés (ni las capacidades necesarias) para seguir dirigiéndola. No quería vender la empresa a extraños, pero tampoco podía traspasarla a unos descendientes que no la gestionarían. Decidió, por tanto, constituir un fideicomiso y aportar a él sus acciones de la sociedad. Nombró administrador a un gestor experimentado ajeno a la familia, con el encargo de que este profesional siguiera dirigiendo y desarrollando la empresa. El estatuto del fideicomiso estableció que el administrador pagaría periódicamente el beneficio neto de la empresa a los hijos y nietos del señor Novák como beneficiarios. Con esta configuración, separó la propiedad de la gestión de la empresa: la empresa puede continuar bajo una dirección profesional y seguir llevando el nombre de la familia sin que los hijos tengan que dedicarse activamente a los negocios. Al mismo tiempo, la familia no pierde el beneficio económico de la empresa familiar. El fideicomiso también previó que, si alguno de los descendientes empezara a perjudicar a la empresa o a interferir en su funcionamiento, perdería el derecho al reparto de beneficios. Gracias a ello, el legado familiar está asegurado: la empresa prospera y la familia tiene garantizados sus rendimientos, sin conflictos internos ni declive de la empresa por una dirección incompetente.
  • Ejemplo de advertencia: riesgos del abuso del fideicomiso: En 2015, el Tribunal Supremo de la República Checa (Nejvyšší soud) (24 Cdo 1754/2022) examinó el caso de la señora Anna, una mujer mayor con un trastorno mental leve de la que se aprovechó un estafador. Este hombre se ganó su confianza, llegó incluso a mudarse a su casa con su familia y la convenció para constituir un fideicomiso, al que aportó sus dos inmuebles. En el estatuto se estableció discretamente que dicho hombre sería el beneficiario de última instancia, es decir, que los bienes pasarían a él si el fideicomiso se extinguía. El estafador se beneficiaba de los inmuebles. Cuando todo salió a la luz, fue condenado penalmente por tentativa de estafa, pero surgió el problema de cómo recuperar los bienes del fideicomiso. Los tribunales tuvieron que resolver la cuestión de la validez de la constitución del fideicomiso y de la aportación de los bienes. El Tribunal Supremo confirmó finalmente que, si el fideicomiso se constituyó de forma fraudulenta y contraria a las buenas costumbres, su constitución puede declararse nula y los bienes pueden restituirse a su propietaria original. La señora Anna obtuvo justicia al cabo de los años, pero el caso es una advertencia: nunca constituya un fideicomiso bajo presión o a instancias de un tercero sin un control independiente. Esta desafortunada historia demuestra que un fideicomiso mal configurado (y, además, constituido con fines ilícitos) puede poner gravemente en peligro al fideicomitente y privarle de sus bienes en lugar de protegerlos. Por ello, actúe siempre con prudencia, recurra a asesores de confianza y vele por su propio interés.

Conclusión

La constitución de un fideicomiso es una herramienta poderosa para proteger el patrimonio, gestionarlo y garantizar la seguridad a largo plazo de los beneficiarios. No obstante, para que el fideicomiso sea eficaz y funcione sin problemas, es imprescindible configurar cuidadosamente las condiciones, elegir bien al administrador y establecer mecanismos para posibles conflictos. Los errores en estos ámbitos pueden provocar problemas jurídicos, conflictos o incluso la nulidad del fideicomiso. Siempre es importante abordar la constitución del fideicomiso con intenciones a largo plazo y con la ayuda de expertos que garanticen que funcione conforme a la ley y a la voluntad del fideicomitente.

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Contáctenos — estaremos encantados de ayudarle.

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Al constituir un fideicomiso, el fideicomitente debe sopesar todos los riesgos potenciales y evitar las prisas. Un fideicomiso bien configurado puede ser un instrumento excelente para proteger el patrimonio familiar, pero su preparación y ejecución exigen la máxima atención al detalle y una rigurosa supervisión jurídica. El cumplimiento de los requisitos legales, la transparencia y las medidas de protección son la clave para que el fideicomiso cumpla su finalidad sin problemas.

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Sobre el autor

JUDr. Jakub Dohnal, Ph.D., LL.M.
JUDr. Jakub Dohnal, Ph.D., LL.M.

Abogado, socio director

Jakub Dohnal es abogado y socio director de ARROWS. Se dedica a la venta de empresas, la entrada de inversores en el capital y a las transacciones inmobiliarias —generalmente del lado del propietario que vende una empresa cuyo valor ha construido durante años y necesita que la transacción se complete en las condiciones acordadas.