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Protéjase a sí mismo y a su empresa

Cómo minimizar la responsabilidad personal del administrador en los contratos B2B

Un contrato B2B con condiciones desfavorables puede poner en peligro no solo el cash flow de la empresa, sino, en casos extremos, también la responsabilidad personal del administrador según el Derecho checo. El riesgo puede reducirse verificando a la contraparte y pactando anticipos, penalizaciones contractuales, una indemnización por desistimiento y una definición precisa de la prestación. Con ejemplos de la construcción, el sector TI y la producción industrial, el artículo muestra cómo proteger contractualmente a la empresa y al administrador frente al impago y la cancelación de encargos.

En la imagen se ve a un abogado asesorando sobre cómo minimizar la responsabilidad personal del administrador.

Cuando falta prevención: tres casos de la práctica

Caso de la construcción: un encargo sin anticipo y un cliente «desaparecido»

El propietario de una pequeña empresa constructora aceptó un encargo para reparar una nave de almacén de un nuevo socio comercial. Terminó el trabajo correctamente y emitió una factura de 300 000 CZK (aprox. 12 300 EUR). Sin embargo, tras el vencimiento el pago no llegó. El cliente puso excusas y pidió un aplazamiento, y después dejó de comunicarse por completo. El contratista descubrió finalmente que el domicilio social del cliente estaba vacío y que el propietario original había vendido la empresa a toda prisa a un testaferro. En otras palabras, la constructora hizo el trabajo, pero no cobró ni una corona. Faltaba cualquier garantía: no se pactó ningún anticipo, el contrato carecía de una sanción eficaz para el caso de impago y el administrador ni siquiera verificó la solvencia del nuevo cliente. ¿El resultado? La constructora tuvo que reclamar la deuda con gran esfuerzo, las posibilidades de éxito eran muy bajas y sufrió una pérdida considerable. El administrador se encontró en una situación incómoda, en la que el cash flow amenazado de la empresa podía convertirse fácilmente en insolvencia y, con ello, en un riesgo de responsabilidad personal.

Lección: En este caso, unas condiciones de pago bien fijadas probablemente habrían detectado o mitigado el problema. Un anticipo antes de iniciar los trabajos habría disuadido a un cliente poco serio o, al menos, habría cubierto el coste del material. Una penalización contractual por demora en el pago o unos intereses de demora claramente pactados habrían presionado para que se pagara. Y, por último, una verificación básica del socio comercial en los registros públicos podría haber revelado señales de alarma con antelación. Nada de ello ocurrió, y tanto la empresa como su administrador sufrieron las consecuencias.

Caso del sector TI: desarrollo de software sin límites claros

Errores similares se producen también en el sector TI. Imaginemos una pequeña empresa que desarrolla software a medida (p. ej., una aplicación web) para un cliente más grande. Entusiasmada con el nuevo encargo, se pone a trabajar sin exigir un anticipo. El contrato es vago y no establece en detalle cuándo se considera terminada la obra. El proyecto se alarga; el cliente pide una y otra vez nuevas modificaciones y se niega a pagar la factura final hasta que «todo sea como se lo imagina». La empresa ha dedicado cientos de horas de trabajo y, de hecho, ha entregado un producto funcional, pero, como la finalización del proyecto no está claramente definida, el pago se sigue aplazando. Este escenario le ocurrió realmente a una diseñadora cuyos clientes le devolvían constantemente el proyecto con observaciones y se negaban a pagar el resto, aunque la web ya estaba en línea y funcionaba. La falta de anticipo y unas condiciones de finalización ambiguas hicieron que el proveedor no cobrara a tiempo (o no cobrara en absoluto) una parte importante del trabajo. Para una pequeña empresa de TI, esto pone en peligro los salarios de los empleados y sus propias obligaciones. Además, el administrador de dicha empresa se enfrenta a la pregunta de si no descuidó su deber de proteger los intereses de la sociedad: si de ello se derivara un perjuicio, podría ser responsable del mismo.

Lección: Un contrato de obra preciso en el ámbito TI podría haber evitado esta situación. Por un lado, un anticipo (p. ej., del 30–50 % del precio) habría garantizado que la empresa no asumiera el riesgo íntegramente «a su costa». Por otro, una clara definición de «finalización del proyecto» en el contrato habría impedido revisiones interminables: tras cumplir los hitos definidos, el proveedor podría exigir el pago restante. También habría ayudado una penalización contractual por retrasos injustificados o falta de colaboración del cliente (por ejemplo, por ampliar reiteradamente el encargo más allá de lo acordado). Por último, el proveedor podría haber pactado que el resultado final (códigos fuente, accesos) solo se entregaría tras el pago íntegro, lo que le habría dado un instrumento de presión para motivar al cliente a pagar. Unos límites bien fijados protegen, por tanto, a la empresa de TI frente a los morosos y mantienen el proyecto dentro del alcance acordado por las partes.

Caso de la producción: mercancía no retirada y pérdidas para el proveedor

En el tercer caso, del ámbito de la producción, veamos una relación entre proveedor y cliente. Una empresa de ingeniería mecánica celebró con un cliente un contrato de suministro de varios cientos de unidades de un componente especializado. La fabricación era a medida: el proveedor tuvo que comprar material y reservar capacidad. Sin embargo, el contrato no exigía ningún pago por adelantado ni penalización contractual o indemnización por desistimiento alguna. Una vez fabricada la mercancía, el cliente desistió unilateralmente del contrato (simplemente «cambió de opinión») y ni retiró ni pagó la cantidad acordada. Al proveedor le quedaron en el almacén productos caros diseñados para un cliente concreto, difícilmente vendibles a otro. La empresa sufrió así una pérdida no solo por los costes directos, sino también por el lucro cesante que debía obtener del encargo. El Tribunal Supremo de la República Checa (Nejvyšší soud) resolvió en el pasado un litigio similar, en el que el cliente no retiró la cantidad de productos pactada y el proveedor sufrió un perjuicio (lucro cesante) de aprox. 1,7 millones de CZK (aprox. 70 000 EUR). Por la mercancía no retirada, la empresa productora podía caer en una insolvencia secundaria: debía dinero a sus propios proveedores por el material, pero no cobraba de su cliente. El administrador tuvo que gestionar una situación de crisis y se expuso al riesgo de que los socios o los acreedores le reclamaran el perjuicio directamente a él por haber subestimado las garantías contractuales.

Lección: Este fiasco podría haberse evitado con cláusulas adecuadas. Una factura de anticipo antes de iniciar la producción habría cubierto el coste del material y puesto a prueba la seriedad del cliente. En el contrato podría haberse establecido que el cliente no puede cancelar el pedido sin consecuencias: o bien en absoluto (salvo incumplimiento esencial del contrato por parte del proveedor), o bien únicamente a cambio de una indemnización por desistimiento (compensación a tanto alzado pactada) a favor del proveedor. Por ejemplo, las partes podrían acordar que, en caso de cancelación del pedido, el cliente abonará una indemnización de, digamos, el 30 % del precio del encargo. Así se compensarían al proveedor los costes y, en parte, el lucro cesante. Además, una penalización contractual por demora en la retirada de la mercancía motivaría al cliente a recoger los productos a tiempo o, al menos, a pagar el almacenaje. Por último, el proveedor podría haberse reservado la propiedad de la mercancía hasta su pago íntegro o haberse reservado el derecho a venderla a otro cliente si el original no la retira en plazo (siempre en función del caso y las circunstancias concretas). Estas salvaguardas habrían reducido notablemente el riesgo de que la mercancía quedara impagada en el almacén.

Cómo protegerse de los morosos: herramientas contractuales clave

Los ejemplos anteriores revelan un denominador común: subestimar la prevención al negociar el contrato. La buena noticia es que existen numerosas herramientas para reducir al mínimo el riesgo de impago o de falta de recepción. Como administrador, debería insistir en incluir estos elementos de protección en todo contrato relevante. Veamos los tres más importantes: anticipos, penalizaciones contractuales e indemnización por desistimiento. Bien utilizados, ayudan a motivar al socio comercial a cumplir debidamente y garantizan que, si surge un problema, usted no salga perdiendo.

Nuestros especialistas le ayudarán

JUDr. Jakub Dohnal, Ph.D., LL.M.

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JUDr. Lukáš Dořičák, LL.M., MBA

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JUDr. Ondřej Stehlík, LL.M., MBA

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ARROWS despacho de abogados

Pagos anticipados: la primera línea de defensa

El anticipo es una de las medidas más sencillas y eficaces para evitar facturas impagadas. Consiste en pagar por adelantado una parte del precio, antes de la entrega de la mercancía o del inicio de los trabajos. Los pagos anticipados reducen de forma considerable el riesgo de impago y protegen la estabilidad financiera del proveedor. Para el cliente, el anticipo pagado supone un compromiso: «tiene algo en juego» y menos motivos para echarse atrás. Para usted, como proveedor, el anticipo significa un mejor cash-flow (no tiene que financiarlo todo con recursos propios) y la cobertura de los costes si el negocio se tuerce.

Cómo fijar los anticipos: El importe del anticipo debe corresponder a la naturaleza del encargo. Lo habitual es pactar entre el 20 y el 50 % del precio del encargo por adelantado, y en operaciones más arriesgadas, incluso más. En proyectos de mayor duración pueden acordarse varios pagos parciales (p. ej., el 30 % antes del inicio, el 40 % a mitad del proyecto y el 30 % tras su finalización). También es importante definir con claridad los hitos cuyo cumplimiento dará lugar a la exigencia del siguiente pago. Por ejemplo: «Anticipo del 40 % a la firma del contrato, otro 30 % tras la presentación de una versión beta funcional y el resto tras la entrega final de la obra». Una regulación así protege a ambas partes: el proveedor cobra de forma continuada y el cliente ve el avance y la calidad de la prestación. No olvide incluir tampoco en el contrato una cláusula según la cual la propiedad de la mercancía o de los resultados no se transmite al cliente hasta el pago íntegro del precio. Del mismo modo, puede pactar que los resultados finales (p. ej., códigos fuente, documentación de proyecto, productos físicos) solo se entregarán una vez abonada la última factura. Así aumentará la motivación del cliente para cumplir puntualmente sus obligaciones.

Penalización contractual: un incentivo para cumplir las obligaciones

La penalización contractual es una herramienta probada para conseguir que la otra parte respete las obligaciones pactadas. Se trata de un pago sancionador que se devenga cuando la otra parte no cumple una determinada obligación debidamente o a tiempo. La penalización contractual es una de las formas más eficaces de motivar al deudor a cumplir su obligación. Su mera existencia ya tiene un efecto psicológico: la otra parte se lo pensará dos veces antes de incumplir el contrato si sabe que tendría que pagar una penalización. Además, si el incumplimiento se produce, el acreedor (la parte perjudicada) puede reclamar la penalización de forma eficaz, incluso por vía judicial, ya que se trata de un derecho pactado contractualmente.

Cómo aprovechar la penalización: La penalización contractual puede pactarse para distintos tipos de incumplimiento según el carácter de la operación. Lo más habitual es la penalización por demora: p. ej., por cada día de retraso en el pago de una factura, en la terminación de la obra, en la entrega de la mercancía o, a la inversa, en su recepción. Otra variante es la penalización por infringir una prohibición (p. ej., una penalización contractual si el cliente copia el software o transmite el know-how a un tercero, etc.). Es importante fijar la penalización de forma proporcionada: no debe ser ruinosa, pero sí lo bastante elevada como para tener un efecto disuasorio. En las prestaciones dinerarias se suele pactar como un porcentaje de la cantidad adeudada o como un importe fijo por cada día o mes de demora. En las obligaciones no dinerarias (p. ej., incumplimiento de la calidad o de la exclusividad) puede tratarse de un importe único. Ejemplo: En un contrato de obra puede establecerse que, por cada semana de demora del comitente en la recepción de la obra, el contratista tiene derecho a una penalización contractual de, digamos, el 0,5 % del precio de la obra. O que, por cada infracción del deber de confidencialidad, la parte infractora pagará una penalización de 100 000 CZK (aprox. 4100 EUR). La penalización contractual debe pactarse por escrito en el contrato y definir con precisión en qué situación y por qué importe se devenga. Recuerde que el pago de la penalización contractual no afecta al derecho a la indemnización de daños y perjuicios: si el daño supera la penalización, puede reclamar también la diferencia (salvo que se pacte que la penalización contractual constituye una indemnización a tanto alzado). Una penalización contractual bien configurada le sirve, por tanto, como seguro y como palanca: la otra parte sabe a qué se expone si no cumple el contrato y usted tiene más fácil obtener una compensación.

Indemnización por desistimiento (cancelación): un seguro en caso de anulación del encargo

Otra figura útil es la indemnización por desistimiento (odstupné). No debe confundirse con la indemnización por despido de los contratos de trabajo: aquí se trata de un pacto en un contrato mercantil que permite a una o a ambas partes desistir del contrato a cambio de una compensación económica fijada de antemano. La finalidad de esta cláusula es ofrecer a una parte la posibilidad de resolver unilateralmente el contrato mediante el pago del importe acordado. En la práctica, este importe funciona como una indemnización de daños a tanto alzado por la no ejecución del contrato. Resulta útil cuando la operación exige inversiones que se perderían con la cancelación: gracias a ella, la otra parte tiene la certeza de que, si su socio desiste, no se quedará con las manos vacías.

Cuándo y cómo pactar la indemnización por desistimiento: Suele aplicarse en encargos a medida, en proyectos de larga ejecución o, en general, cuando se quiere permitir el desistimiento del contrato incluso sin incumplimiento, pero no de forma gratuita. En el contrato puede acordarse, por ejemplo, que el comitente tiene derecho a desistir del contrato en cualquier momento, pero deberá pagar al proveedor una indemnización equivalente al X % del precio total (o un importe fijo). Una cláusula así motiva al cliente a pensarse bien la cancelación del encargo, ya que tendría consecuencias económicas. Al mismo tiempo, si realmente tiene que desistir (porque cambian las condiciones, el presupuesto, etc.), el proveedor obtiene una compensación por el tiempo, la capacidad empleada y el lucro cesante. También puede pactarse a favor de la otra parte: p. ej., el proveedor puede tener derecho a desistir si detecta problemas graves (abonando al comitente la indemnización). No obstante, en la práctica se utiliza con más frecuencia para proteger al proveedor que invierte recursos en la ejecución.

Ejemplo: Una empresa fabricante pacta en el contrato que, si el cliente cancela el pedido después de confirmarse la producción, pagará una indemnización de, por ejemplo, el 25 % del precio del encargo. Ese 25 % cubrirá los costes de la producción ya iniciada y compensará en parte el margen perdido por la empresa. Es importante pactar la indemnización de forma clara y por escrito en el contrato, incluido su importe o el método de cálculo. Si se produce el desistimiento, el contrato se extingue con el pago de la indemnización y las partes solo liquidan lo que se haya cumplido hasta ese momento. Para que quede claro: la indemnización por desistimiento se aplica sin necesidad de que se haya incumplido el contrato. No sustituye a la penalización contractual, sino que amplía las posibilidades de poner fin a la relación contractual sin acudir a los tribunales en condiciones fijadas de antemano. Para usted es una red de seguridad: si el negocio se cae, no se queda sin compensación.

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La prevención y el asesoramiento jurídico compensan

Como administradores de empresas B2B, cargan ustedes con una gran responsabilidad: por el éxito de los negocios, por la economía de la empresa y por sus obligaciones. Unos contratos bien planteados son su primera línea de defensa. Invertir tiempo y atención en las condiciones contractuales compensa incomparablemente más que resolver después daños y litigios. Sea previsor: preste atención a la prevención de riesgos ya al negociar el encargo.

Resumamos los pasos más importantes que debería dar antes de firmar cualquier contrato relevante:

  • Verificar la solvencia y la reputación del socio: Averigüe todo lo posible sobre la otra parte: existen registros de morosos, referencias de otros proveedores, cuentas anuales, etc. Incluso una pequeña señal de alarma es motivo para extremar la cautela.

  • Fijar condiciones de pago claras: Acuerde anticipos y un calendario de pagos. Nunca empiece a trabajar en un encargo grande sin al menos un pago parcial por adelantado.

  • Incluir penalizaciones contractuales e intereses de demora: Dé «dientes» al contrato. El socio lo respetará mucho más si sabe que la demora o el incumplimiento le costarán dinero.

  • Regular la posibilidad de cancelar el contrato: Por si la otra parte quisiera desistir, tenga pactada una indemnización por desistimiento o una penalización por cancelación que cubra sus costes.

  • Documentar y definir minuciosamente la prestación: Describa con precisión en el contrato el objeto de la prestación, la calidad, los plazos y la forma de entrega. Insista en un acta de entrega o una prueba de aceptación, para poder demostrar que ha cumplido sus obligaciones.

Siguiendo estos principios, no solo minimiza el riesgo de que su empresa salga perdiendo, sino que también se protege a sí mismo como administrador. Evitará situaciones en las que alguien pudiera alegar que descuidó la diligencia de un ordenado empresario. Con ello refuerza la credibilidad de la empresa ante sus socios y también la confianza en sí mismo: la de tener las cosas bajo control.

No deje la protección al azar. Consulte sus contratos con un abogado o un experto en contratación antes de celebrarlos. Un profesional le ayudará a detectar los puntos débiles del contrato y le propondrá ajustes a medida de su sector. Esta inversión es una fracción de las cantidades que podría perder con un encargo mal regulado. Fomente una cultura de prevención: con unas condiciones contractuales bien fijadas, puede embarcarse incluso en grandes negocios y dormir tranquilo, porque sabe que ha hecho todo lo posible para proteger a la empresa y su propio patrimonio. Un buen administrador piensa varios pasos por delante, y eso es precisamente lo que hace usted cuando no subestima los riesgos contractuales.

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Sobre el autor

JUDr. Jakub Dohnal, Ph.D., LL.M.
JUDr. Jakub Dohnal, Ph.D., LL.M.

Abogado, socio director

Jakub Dohnal es abogado y socio director de ARROWS. Se dedica a la venta de empresas, la entrada de inversores en el capital y a las transacciones inmobiliarias —generalmente del lado del propietario que vende una empresa cuyo valor ha construido durante años y necesita que la transacción se complete en las condiciones acordadas.